domingo, 31 de octubre de 2010

"Gran Minero"


Los accidentes en una mina son previsibles. Lo que no resulta previsible es que un derrumbamiento se vuelva noticia de primera plana y que sus damnificados de la noche a la mañana tomen estado público no por la gravedad de los hechos sino por la ficción que se creó alrededor de sus protagonistas.
Fueron 33 los mineros los que quedaron atrapados en el corazón de la tierra el pasado 5 de agosto.  Durante 70 días tuvieron en vilo al mundo entero como si se tratase de un espectáculo de suspenso.
Cada día se creaba una novedad diferente que aumentaba la expectativa de los diarios y los canales de televisión. El hoyo donde se alojaban los trabajadores pasó a ser la gran escenografía de un Reallity Show donde cada unos de sus integrantes fue estereotipado con una personalidad  que  hizo atrayente  su seguimiento en el día a día de los medios.
Se contaron historias, se inventaron otras. Hasta el presidente de Chile, Enrique Piñera, se acopló a la farandulización mediática para popularizar su figura pública. El rescate de los mineros fue apoteótico. Los medios parecían convertise en una nueva edición de la casa de Gran Hermano. En Twitter  muchos señalaron que la noche del salvamento, Tinelli perdió en su lucha por el raiting.
Mientras tanto, en algún lugar de Chile sucedía, sin penas ni glorias, otro derrumbamiento que se llevaba la vida de un minero y que pocos se interesaron  en divulgar. Parecería que los temas importantes no priorizan la agenda del periodismo si no se exaltan en sus pliegues la liviandad del amarillismo y la intrascendencia de sus contenidos.

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